Mujeres en ciencias duras: un desafío de muchos años

Se conoce como “efecto Matilda” a la invisibilización de las mujeres en las llamadas “ciencias duras”, pues históricamente su trabajo se atribuyó a varones en muchas oportunidades. Esto, sumado a los estereotipos que por lo general asocian esos ámbitos a los varones y la falta de información sobre los campos laborales, contribuyeron a la construcción de un escenario socio-histórico por el cual las mujeres se mantienen alejadas de las carreras básicas y aplicadas.
En la última edición especial del informe “Mujeres en el Sistema Universitario Argentino 2019-2020” publicado por la Secretaría de Políticas Universitarias el pasado 8 de marzo en conmemoración del Día Internacional de la Mujer, se desprende que las ciencias sociales, humanas y de la salud son las que acaparan el mayor número de estudiantes femeninas, con 484 mil, 287 mil y 283 mil respectivamente. Mientras que las ciencias aplicadas aparecen bastante después, en cuarto lugar, con 184 mil jóvenes interesadas en esa área.

La línea decreciente de las mujeres en tecnología

Dentro de las ciencias básicas y aplicadas, las mujeres representan el 37% del total en agronomía, el 31% en física y el 25% en ingeniería. Informática es una de las menos elegidas: las chicas representan sólo el 17% de la matrícula. Éste es un fenómeno llamativo ya que en sus comienzos era un área con gran cantidad de mujeres. La carrera de Computador Científico de la UBA, al ser la primera del país, permite comparar datos desde 1962 y muestran que en la década del ‘70 las mujeres constituían el 75% de la matrícula total.
Dentro de la industria informática, uno de los espacios más masculinizados es el de la ciberseguridad, un área vinculada con la protección de sistemas, datos e infraestructura en organizaciones públicas y privadas. Aquí, los estereotipos se acentúan aún más, ya que se asocia al experto con la figura del hacker, que por lo general es un hombre.
Sin embargo, la industria del software es un área con grandes posibilidades de desarrollo. En los últimos diez años, este sector cuadruplicó su número de empleados en el país, aunque este crecimiento no fue acompañado por el interés de los jóvenes (tanto varones como mujeres), lo que provocó un cuello de botella para el desarrollo del sector. Despertar vocaciones en este rubro podría contribuir a mejorar esta tendencia.

¿Y en las ingenierías?

Aquí, la situación no es muy diferente. No sólo la matrícula femenina es muy baja, sino que además está concentrada en pocas especialidades como ingeniería en alimentos (70%), ambiental (62%) y en recursos naturales (63%). Por el contrario, en ingeniería eléctrica, electromecánica y mecánica representan sólo el 6% del total, ya que son especialidades de las que se suele tener un conocimiento sesgado sobre su amplia salida laboral.

Agronomía: una brecha histórica

En cuanto a la agronomía, si bien la diversificación de este campo ha incrementado la cantidad de ingresantes a estas carreras, aún así el porcentaje de mujeres continúa siendo bajo (36%). En este caso, la brecha de género es histórica: la primera ingeniera agrónoma de la UBA se recibió en 1927 y fue la única mujer entre los 21 graduados de ese año. Hubo que esperar hasta la década del ‘60 para tener 10% de egresadas, y dos décadas más para que superaran el 20%.
Sin embargo, a diferencia de décadas anteriores, en la actualidad esta rama de estudio incluye nuevas posibilidades de trabajo como el turismo rural, la conservación de la biodiversidad, proyectos de parques y jardines, marketing agropecuario, investigación y tecnología agropecuaria, lo que ampliaría las posibilidades laborales al graduarse.

Un programa de Becas con paridad de género

Desde los ámbitos especializados, aseguran que para poder cubrir la demanda de estas profesiones estratégicas para el país es necesario contar con más mujeres. Por eso, la Secretaría de Políticas Universitarias acaba de lanzar el programa de Becas Manuel Belgrano, con la particularidad de que se otorgarán de manera equitativa para ambos géneros.
El programa entregará 12 mil becas para ingresantes o estudiantes universitarios en carreras relacionadas con petróleo, gas, minería, informática y computación, energía, logística, alimentos y ambiente. De esta manera, se pretende aumentar la tasa de participación de las mujeres para el 2023 de la siguiente manera: petróleo 19%; energía 90%; logística 156%; informática 68% y alimentos 13%. El objetivo, además, incluye mejorar las condiciones de empleabilidad, atender a la demanda de profesionales de las empresas, estimular la innovación tecnológica y fomentar la competitividad económica.

Más información: Informe especial “Mujeres en el Sistema Universitario Argentino”